lunes, 28 de septiembre de 2009

La rosa del jardín (Gonzalo Lema)

Tengo para mí que no se debe sacar los pies del centro mismo de la democracia. Hay que tenerlos firmes allí, como plantados. Es decir: como los viejos molles que heredamos de los abuelos y todavía hoy embellecen el paisaje y nos dan una idea concreta de la eternidad. Y si el afán es el de salir a pasear por los extremos de la política, motivados por ejemplo por la necesaria justicia social que debemos practicar, muchos teóricos políticos dicen que lo mejor es hacerlo máximo con un solo pie, pues el otro debería continuar en el centro cuidando la riqueza de todos, como se cuida la rosa del jardín. Sacar ambos pies es un peligro, porque el plano se desequilibra y el país echa a andar por la cornisa, a la deriva, como si el mundo se hubiera vuelto loco.

El centro mismo de la democracia significa, ante todo, una mirada panorámica inigualable para quienes tienen la suerte de gobernar. Desde el centro se logra una posición equidistante hacia los sectores sociales, hacia las regiones, hacia toda la república. Si se pierde ese centro y el gobernante comienza a desarrollar un derrotero por algún sendero ideológico y con los dos pies, muy pronto termina perdido en los bosques del delirio. Es, en ese mismo momento, que ese gobierno nacional se vuelve sectario, unilateral, parcializado, y se gana la bronca de quienes quedan al frente.

Hay varias maneras de abandonar el centro: discurseando sólo para unos y no para todos es el mejor ejemplo. Entre esos ‘todos’ están los que votaron en contra, claro, del gobierno. Siendo justos con los mismos unos y sin explicar las razones a los otros, cuando en realidad se le debería decir a toda la nación que el país ha crecido desequilibrado, kumukumito, se diría en quechua, y que es tiempo de reparar todas las iniquidades sociales para sentirnos efectivamente demócratas. Aplicando presión en la justicia sólo para algunas causas, siempre perdidas por lo demás, y haciéndose al ciego, sordo y mudo con las mismas causas pero de los otros. Enojándose hasta ponerse rojos de cólera con quienes piensan al revés de su política. Claro, el mundo es así: si todos hicieran zig, no existiría el zag. Pero el problema es que existe y todo hace prever que existirá. Visitando ciertos lugares y no otros. Evitando sentarse a la mesa con todos: los buenos, los malos y tanto feo que abunda en la política, y hacerlo sólo con quienes rezan lo mismo. Evitando consensuar, concertar y comulgar con los del frente. Sentir una mezcla de rabia y vergüenza de tener que hacerlo, porque de todas formas hay que hacerlo si queremos llevar adelante el cambio con unión y no con división, como ya escuché a Rodrigo Paz Pereyra, y me parece una buena síntesis de mi posición sentimental. Al respecto, en nuestra Bolivia actual se enfrentan los contrabandistas de Guaqui contra los de Desaguadero, y los cocanis contra los cocaleros, y los policías rasos contra los policías de grado, y los mineros sindicalizados contra los cooperativistas, y el campo contra la ciudad, y el oriente contra el occidente, y los platudos contra los pelados. Es decir: todos contra todos.

El centro democrático está llamado a ser ecuánime, como debería ser todo buen padre. Sin embargo, inclusive tenemos intelectuales que de puro arrebato nervioso, debido a tanto café y cigarro a lo largo de su vida, que están dispuestos a brincar de la trinchera democrática y aterrizar en patria o muerte venceremos para terminar así con las múltiples contradicciones muy propias de una sociedad vital, a balazo limpio. Ellos piensan que el centro esencial de la democracia es una cosa propia de maricas. Hace tiempo que esta estirpe milita en la extrema y odia a muerte a los que militan en la otra, sin advertir que los extremos siempre se muerden la cola porque terminan siendo lo mismo, actuando de igual manera, convirtiéndose en todo aquello que odiaban. En política, cuando se habla de las extremas, se tiene la idea de que quieren imponer a balazos sus pesadillas como receta para vivir la realidad. Todavía no se han enterado de esa verdad que circula entre todos los lectores: la realidad es más fuerte que la imaginación. Es decir: mientras intentamos ser más demócratas, más justos, más iguales, más para todos, la realidad se inventa y reinventa, y nos sorprende, y nos enseña, y nos dice que el fanatismo no se justifica nunca, en ninguna de sus manifestaciones: políticas, religiosas o deportivas. Que lo prudente es conservar la cordura, la prudencia, la ecuanimidad, y que si bien es imperioso practicar cuanto antes la justicia social, también se debe gobernar para los ricos legales. Lo contrario significa enfrentarnos, confrontarnos, y dormir con angustia, pues debido a las ideas extremas, al paseo por el bosque con los dos pies, hemos sido injustos con alguien, o hemos puesto una cruz a alguna región o sector social, y ese no era el plan cuando buenamente nos propusimos conducir el país. Angustia y remordimiento.

Pero es obvio que la democracia se aplaza si no desarrolla la justicia social. Para eso sólo hay dos caminos: la redistribución de la riqueza y la educación. O al revés, pues poco importa, porque ambas políticas deben ir de la mano cantando una canción. Y cuando se habla de la redistribución se significa llevar el dinero del Estado y las inversiones a lugares olvidados, para que la gente progrese materialmente y recupere la dignidad y todos sus dientes. Y cuando se habla de educación, porque ya sabemos que sin ella ni siquiera hacer el amor es tan sabroso.

La rosa es el centro del jardín democrático, aunque está permitido eso de sacar un pie hacia la izquierda y equilibrar honradamente la balanza. A mí me alegra ver otros rostros en el gabinete, en el parlamento, en todas las instancias de nuestra institucionalidad estatal. Sé que son bolivianos que vienen de otras sociedades: rurales, indígenas, campesinas… Es tiempo de ellos. Pero ansío que pronto estemos mezclados y revueltos como mestizos que somos en la misma responsabilidad: sacar el país hacia adelante para que esta aventura de vivir, y de ser bolivianos, sea incanjeable.

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Más artículos del autor en: Dossier Bolivia

Revolución: ruta ambigua (Franco Gamboa Rocabado)

¿Qué efectos genera una revolución y cómo se gesta? Analizando con cuidado las grandes revoluciones épicas, como la francesa (1789), rusa (1917), inglesa del siglo XVII, o la guerra civil en Estados Unidos (1861), el célebre sociólogo estadounidense Barrington Moore Jr. refresca nuestra comprensión de la actualidad cuando observa que no es posible hablar de “grandes transformaciones sin grandes traumas políticos”; asimismo, los caminos abiertos por las revoluciones históricas en Europa para el surgimiento del capitalismo, o un proceso de modernización acelerado, como aquel surgido en Rusia a partir de 1917, están totalmente cerrados. En su libro “Los orígenes sociales de la dictadura y de la democracia: el señor y el campesino en la formación del mundo moderno”, Moore afirma que la instauración del progreso moderno (el verdadero objetivo de las revoluciones) viene con un terrible costo humano.

El propósito es explicar tres caminos de ingreso a la modernidad: por medio de la democracia liberal, a través del fascismo y por la vía del comunismo. El costo de la modernidad, no necesariamente viene con una democracia tranquila y pacífica, sino con demasiada violencia. Durante las transiciones hacia la modernidad y los cambios sociales o económicos, la pregunta sobre los alcances de una revolución gira en torno a: ¿quiénes aguantan el peso de las reformas revolucionarias y quiénes pagan un precio más alto?

En los procesos revolucionarios, Moore muestra que hay siempre una brecha entre la promesa revolucionaria y el posterior desempeño inhumano en la realidad. Lo que se ofrece como una gloriosa transformación, normalmente termina en una tenebrosa estructura que posiciona a nuevas élites en el poder y genera mutaciones económicas, siempre y cuando el costo humano también tenga enormes sacrificios, que no siempre mejora la condición de los más pobres, sino todo lo contrario.

Los revolucionarios y reaccionarios (contrarios a la revolución) representan dos caras de la misma moneda: una dinámica del poder que se orienta algunas veces a la transformación, planteando los ideales de una sociedad mejor, o por medio del empuje histórico de procesos de modernización que cambian las estructuras de un tipo de sociedad tradicional para abrir las puertas del capitalismo industrial.

El capitalismo y el socialismo son sistemas donde están presentes fuertes tendencias destructivas: por un lado, en el modelo comunista, la represión es ejercida en contra de su propia población desde la dictadura de una oligarquía partidaria como la ejercida por el Partido Comunista; mientras que por otro lado existe el modelo liberal de sociedad, identificado también con la violencia de los regímenes fascistas de la Italia de Benito Mussolini o la Alemania de Adolfo Hitler; la represión liberal se manifiesta también “hacia afuera, hacia otros”, por medio de las relaciones internacionales imperialistas.

Las fronteras entre la dictadura y la democracia son, por lo tanto, movibles, porque fácilmente se puede pasar de una hacia otra. El despotismo y la dictadura pueden ser tendencias latentes y manifiestas en los procesos que se consideran “lineales y graduales” hacia la democracia. Toda revolución impone el orden del terror y muestra con crudeza los altos costos del sueño por una sociedad mejor; asimismo, las ambigüedades de la democracia como un proceso pacífico pueden desmoronarse hasta caer en el oprobio dictatorial. Las contradicciones caracterizan al manejo del poder y, en consecuencia, la tergiversación es el núcleo de toda oferta utópica, que es defendida durante una revolución.
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El autor es sociólogo político
franco.gamboa@gmail.com

Al estilo de laimes y jucumanis (Mario Rueda Peña)

Con furiosas, recíprocas y no pocas veces sangrientas arremetidas, dos comunidades indígenas del altiplano boliviano se hicieron en Bolivia de tristemente célebre fama. Laimes y Jucumanis Se disputaban el ejercicio del poder comunitario sobre territorios cuyos límites ambos bandos transgredían a su gusto y sabor. La causa de todo era un territorialismo firmemente enraizado en usos y costumbres típicos de tan primaria modalidad de organización social y política de los originarios occidentales.

Lo inédito, consiste ahora en que algunas comunidades de indígenas del altiplano, tales disputas por el poder sobre el territorio empiezan a adquirir características político-partidarias. Cierran el paso a las campañas electorales de los adversarios con palos, piedras y tiros.

Es lo que hace poco hicieron comunitarios partidarios del candidato presidencial Joaquino a un candidato del MAS a la Asamblea Plurinacional, en una zona rural de Potosí. Castigaron de este modo el “atrevimiento” del oficialismo de ingresar política y electoralmente a un espacio que en el cual, conforme a la tradición comunitaria, no es permitida intrusión alguna.

Los ya referidos factores de tipo antropológico-cultural (régimen comunitario que no asimila aún los principios de la democracia moderna, cuyos pilares básicos son la tolerancia y el respeto a los derechos políticos del adversario) convierten a las zonas rurales en ámbitos poco propicios para que el proceso electoral transcurra en un clima de paz y normalidad. Lo más probable es que hechos como el citado se repitan en diferentes regiones del país.



No se puede echar toda la culpa, naturalmente, a los comunarios, porque tras ellos hay digitadores de tan condenables acciones. Acaso las del oficialismo sean las más numerosas y nefastas. ¿Qué no? Ahí están precedentes que aún no se han desvanecido de la memoria pública: líderes de los “movimientos sociales” del MAS, que en forma pública, advirtieron que no permitirían a los candidatos de la oposición a la Presidencia y demás puestos electivos, hacer campaña electoral en las zonas rurales del altiplano. A estos avisos siguieron agresiones físicas a opositores frente a la sede de la Corte Nacional Electoral de La Paz y otras acciones de tipo intimidatorio.

De tan imprudente manera, el MAS no hizo otra cosa que estimular en parcialidades campesinas que siguen a sectores de la oposición, como las que en zonas rurales de Potosí respaldan a Joaquino, la aplicación del ancestral territorialismo comunitario a lo político-partidario. Por tanto, la campaña electoral en el campo, particularmente en el Altiplano, podría desarrollarse en medio de acometidas propias de Laimes y Jucumanis…

Ponchos Rojos, los soldados aymaras de Evo Morales (Mario Roque Cayoja)

(Artículo publicado el 16 de julio de 2009 en En la Lucha, boletín de la Célula Lenin del Comité Central del Partido Comunista del Perú)

La revolución democrática y cultural que delineó Evo Morales para sus cinco años de gobierno en Bolivia tiene en los Ponchos Rojos (guerreros aymaras que tienen su centro de operaciones en Achacachi, pueblo ubicado en las riberas del lago Titicaca, unos 90 kilómetros al norte de La Paz) a sus celosos defensores.


Unos ponchos andinos de color rojo, tejidos a mano por las mujeres de Achacachi y comunidades aledañas, son su principal indumentaria.


El vestuario de esos guerreros aymaras se completa con "lluchu's" (gorro de lana con terminación cónica que cubre las orejas), chalina de color tierra, sombrero negro de piel de oveja de ala ancha para protegerse del sol y un pantalón de bayeta (tejido de lana de oveja) y abarcas (sandalias de llantas de motorizados) para los pies.


El arma más utilizada en más de cuatro siglos ha sido la "q'urawa" (una honda con piel de oveja) para lanzar piedras a velocidad y alta precisión.


Las piedras de pequeñas dimensiones, además de coca y alcohol, son llevadas en "ch'uspas" o bolsas de 20x20 centímetros que se cuelgan del hombro.


"Muchos usan hondas con piel de zorro para tener más precisión en sus lanzamientos", apuntó Jorge Huasco.


La reaparición de los Ponchos Rojos se produjo a mediados de enero en un desfile con motivo de celebrar los 181 años de fundación de la provincia paceña Omasuyos.


"Ponchos Rojos para defender la patria. Si antes han descuartizado al territorio nacional, han descuartizado a Túpac Katari; ahora ningún caballero va a poder nuevamente descuartizar a Bolivia", arengó el presidente Evo Morales, acompañado de su vicepresidente, Alvaro García Linera, y del comandante general de las Fuerzas Armadas, el general Freddy Bersatti.
En la marcha de Achacachi sobresalieron tres de ellos portando fusiles Máuser: dos eran hombres jóvenes cubiertos de gorras de lana, al estilo del mexicano subcomandante Marcos, y una mujer que conservaba el arma de su esposo muerto.


"Mi Hilario quería mucho a Bolivia porque eso aprendió cuando fue al cuartel", agregó doña Pacesa, una aguerrida mujer aymara.


El desfile de los Ponchos Rojos causó polémica en Bolivia. Hubo voces de aliento y críticas de diversos tonos.


"Nos parecen, en consecuencia, un tanto desproporcionadas las reacciones de temor ante los pocos e inservibles Máusers que cargaban al hombro algunos campesinos en el acto de Achacachi. Son meros testimonios de un pasado 'revolucionario' que ya están, repetimos, para el museo", apuntó el director del diario "El Deber" de Santa Cruz.


El alcalde de Achacachi, Eugenio Rojas, negó rotundamente que los Ponchos Rojos sean un grupo paramilitar o guerrillero. "Los Ponchos Rojos no son un grupo de disfrazados, son la identidad de la nación aymara", precisó.


Los Ponchos Rojos son, en su mayoría, ex soldados del ejército boliviano que conocen de estrategia y tácticas militares.


La preparación de algunos grupos se realiza en la planicie de K'ala Chaca ("puente de piedra" en aymara) y en el cerro Letanías de Viacha.


También son obligados a leer libros escritos por Fausto Reynaga, los que reivindican a los indígenas bolivianos y los instan a la toma del gobierno y del poder.


"Los fusiles Máuser fueron regalados a nuestros abuelos y padres por el presidente Víctor Paz Estenssoro para defender la Revolución Nacional de 1952", recordó Francisco Ramos de la subcentral de Warisata.


Agregó que los Ponchos Rojos son una herencia de sus antepasados, porque "defendieron la unidad y gobernabilidad de nuestros ayllus y comunidades".


Esteban Mamani, otro amauta (autoridad originaria) de Warisata, explicó que también existen ponchos de color negro, nogal, huayruru (rojo y negro) que son usados por autoridades originarias como Mallkus, Jilacatas y secretarios generales de los cantones vecinales.


El vicepresidente boliviano, Alvaro García Linera, tuvo vínculos en el anterior decenio con los Ponchos Rojos y con el Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK), que fue involucrado en atentados terroristas por lo que fue encarcelado junto a su hermano y al dirigente campesino, Felipe Quispe, llamado "Mallku" por sus seguidores.


García Linera a fines del año pasado pidió a los Ponchos Rojos sacar el fusil que tenían escondido bajo el poncho aymara. "Ese fusil debe ser usado para defender la unidad de Bolivia". Sus palabras sonaron como la explosión de una bomba en el oriente de Bolivia, donde se impulsa un proyecto autonómico que ganó en las urnas en cuatro de los cinco departamentos del país sudamericano.


La más reciente participación de fracciones de los Ponchos Rojos se remonta a octubre del 2003 en la llamada Guerra del Gas, que tuvo a El Alto, vecina ciudad a La Paz, como epicentro de una protesta social que forzó la renuncia del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada a sus cinco años de mandato constitucional.


"La Guerra del Gas comenzó el sábado 22 de setiembre del 2003 con la muerte de cuatro personas en Warisata. Un grupo de los Ponchos Rojos, lanzando piedras (porque no había armas), hizo huir al ministro (de Defensa) Carlos Sánchez Berzaín en un helicóptero militar. Luego fuimos hasta El Alto para participar en las barricadas y marchas para pedir la renuncia de Goni", relató Lino Villca.
Pero la presencia de los Ponchos Rojos no sólo se dio en las movilizaciones campesinas sino que logró proyectarse hasta el actual gobierno de Evo Morales, el primer indígena que accede por voto directo a la presidencia de Bolivia.


"Nosotros tenemos participación en el equipo de ministros de Evo Morales. Ahora está David Choquehuanca que es ministro de Relaciones Exteriores. Antes estaba nuestro hermano Félix Patzi como ministro de Educación", precisó Juan Carlos Condori, secretario ejecutivo de la federación de campesinos de la provincia Omasuyos de La Paz.


Dijo que los Ponchos Rojos están dispuestos a devolver los fusiles Máuser a cambio de ganado o tierras. "Hay varias formas de devolver. Nadie puede dar nada gratis en este mundo. En esto se basa la reciprocidad: yo te doy algo y tú también, a cambio. Vamos a practicar el ayni comunitario, el trueque, en este tema de las armas".


Las autoridades de Achacachi, Warisata y otras comunidades del altiplano de La Paz han reiterado en los últimos días que son gente de paz.


"Sólo luchamos cuando hay injusticia o sometimiento. Hoy reaparecimos porque queremos que el gobierno de nuestro hermano Evo Morales no sea atacado por los ricos y la oligarquía boliviana que no quiere esta revolución democrática", agregó el alcalde Eugenio Rojas.
Fuente: http://pr-sm-der.blogspot.com/2009/07/ponchos-rojos-los-soldados-aymaras-de.html

Ranking de popularidad de presidentes latinoamericanos

Con un 27% de aceptación, el mandatario peruano se ubica entre los jefes de Estado con menor aprobación, revelan sondeos, superado solo por la presidenta de Argentina.

En un segundo grupo se encuentran los mandatarios de México, Felipe Calderón, 62%; de Uruguay, Tabaré Vázquez, 61%, y de Bolivia, Evo Morales, 60%.

Los jefes de Estado con peor evaluación del continente son los de Argentina, Cristina Fernández (23%) y el de Perú, Alan García (27%); según una recopilación de sondeos divulgada por la firma mexicana Consulta Mitofsky (CM).

Asimismo con una evaluación baja se ubicó el costarricense Óscar Arias, con 37%.

En cambio, los presidentes de El Salvador, Mauricio Funes, con 84% de aceptación; de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, con 81%, y de Chile, Michelle Bachelet, con 78%, son los mandatarios con mayor aprobación de América,

El bloque de presidentes con mayor aceptación lo completan el panameño Ricardo Martinelli, con 77%, y el colombiano Álvaro Uribe, con 70%, indicó CM en un informe.

Consulta Mitofsky destacó los casos de Brasil y de Colombia, que son "ejemplo de altas evaluaciones a pesar de los años de gobierno de los presidentes de ambos países", señala el estudio.

El reporte de la encuestadora mexicana no incluye a Hugo Chávez, de Venezuela; a Leonel Fernández, de República Dominicana; a Stephen Harper, de Canadá, y a Daniel Ortega, de Nicaragua, "por cuestiones de falta de información".

"Por razones muy particulares" no considera tampoco a Honduras, donde un golpe de Estado sacó del poder al depuesto presidente Manuel Zelaya hace tres meses.

En un segundo grupo se encuentran los mandatarios de México, Felipe Calderón, 62%; de Uruguay, Tabaré Vázquez, 61%, y de Bolivia, Evo Morales, 60%.

En la zona media de la tabla se encuentran el presidente de EE.UU., Barack Obama (52%), el ecuatoriano Rafael Correa (51%), el paraguayo Fernando Lugo (50%), y el guatemalteco Álvaro Colom (46%).

El promedio de aprobación de todos los mandatarios incluidos en el sondeo es de 57%, debido a "la aparición de dos mandatarios que inician muy alto en Centroamérica (Panamá y El Salvador)", explica el documento.

Los jefes de Estado de Suramérica alcanzaron un promedio de aceptación del 58%, los de Norteamérica 56%, y los de Centroamérica 52%.

CM compara la aprobación de los mandatarios americanos con otros líderes mundiales, entre ellos el primer ministro de Australia, Kevin Rudd (61%), el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero (57%), el jefe del Ejecutivo de Hong Kong, Donald Tsang (55%), y el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi (47%).

Los datos presentados se basan en encuestas con distintas metodologías recopiladas por Mitofsky y que fueron publicadas entre mayo y septiembre de este año en cada uno de los países.

Ponchos Rojos bloquean caminos para modificar listas de candidatos del MAS

La Paz, ANF.- El secretario ejecutivo de la provincia Omasuyos, Alejandro Poma, informó que desde la mañana de este lunes los campesinos denominados Ponchos Rojos ejecuta un bloqueo de caminos en Huarina, vía que une a La Paz con Tiquina para lograr incluir a sus representantes en la lista de candidatos a diputados del gobernante MAS.

"Nosotros pedimos que se respete la elección democrática y se proceda a cambiar las listas. Gustavo Torrico no conoce la realidad de la provincia Omasuyos y mucho menos las conclusiones del ampliado realizado a principios del septiembre donde se eligió a nuestros candidatos, lo que no es respetado y se designa a otro candidato a dedo", dijo el dirigente al señalar que por culpa de algunos malos dirigentes existe división entre los ponchos rojos.

Ante el reducido número de campesinos y originarios en las listas de candidatos a senadores y diputados, los pobladores de la provincia Omasuyos, denominados "ponchos rojos" se declararon en emergencia, en demanda de la revisión de esa nómina presentada ante la Corte Nacional Electoral (CNE) y ante el rechazo del Gobierno de modificar esa nómina.

Poma dijo que en esta provincia paceña existen apenas tres candidatos a la Asamblea, de los cuales ninguno ingresó a las nóminas. Aseguraron que desconocen a Mariano Huallpa, ejecutivo provincial y anunciaron que llamarán a una reunión de emergencia para definir nuevos líderes por consenso.

Hace algunos días, Alejandro Villavicencio Quispe, dirigente de los "ponchos rojos, verdes y wayrurus" de Ancoraimes, anunció que si el presidente Evo Morales no revisaba las listas en la reunión del MAS realizada últimamente en Cochabamba, radicalizarían sus protestas, situación que se mantendrá hasta que el gobierno los escuchen y se llegue a un acuerdo.

En ese marco, el diputado del MAS René Ramos, sostuvo que existe malestar en la militancia oficialista de las 13 provincias paceñas porque la cúpula del partido en función de gobierno eligió a de a los candidatos a la Asamblea Legislativa Plurinacional.

De acuerdo con Ramos, los campesinos de Omasuyos votarán por el binomio Evo Morales Ayma - Álvaro García Linera, pero optarán en apoyar con sus votos a los candidatos a diputados uninominales del MAS en sus circunscripciones.

Vieja o nueva política (Carlos Hugo Laruta Bustillos)

La política es una parte de la vida de las sociedades de la cual no se puede prescindir. Hacer política no es solo un derecho ciudadano, sino que es el modo en el que una sociedad organiza la distribución de la autoridad, el mando, el poder, la influencia. Pero es claro que en sociedades democráticas la política debe ser una política democrática. Para ser tal debe tener ciertos principios y valores sobre los que se asienten las actitudes de quienes hacen política.

La política democrática debe basarse en el respeto, la tolerancia, el dialogo y debate de ideas y propuestas, el pluralismo en las opciones partidarias, la interculturalidad dialogante como método de acción. Y estos días, en la campaña electoral que ya inicio en la realidad, hemos visto 2 actitudes que enseguida comentamos.Vieja

La primera es la actitud que la mayoría de los bolivianos deseamos que se vaya de una vez y que no permanezca mas. Esta compuesta por varias acciones. El ataque personal, la mentira, la exageración de las ideas, el utilizar una larga lista de adjetivos calificativos contra los otros, el unirse detrás de un líder solo por oponerse a los otros sin un programa de servicio al pueblo, sin ideas comunes salvo cierto rencor o enemistad que es siempre estéril a la hora de las propuestas. Esto es lo que nuestro pueblo llama “junt¨ucha”,

Pero hay también una actitud contraria a la que acabamos de describir, pues implica la capacidad de renovación de las personas, de las mentalidades, de las actitudes, y de las prácticas políticas. Esta segunda actitud evita la tentación del ataque personal, no utiliza un catálogo de adjetivos calificativos contra los oponentes, hace mas bien propuestas de cambio en varios temas de interés del pueblo, muestra renovación en personas que se juntan detrás de un líder para escuchar a la gente, elaborar un programa y luego presentarlo a consideración del pueblo.

En este momento tenemos 3 fuerzas políticas grandes, que avanzan tras liderazgos nacionales conocidos. Samuel Doria Medina, Evo Morales y Manfred Reyes Villa. Cada uno tiene su visión de país, su programa y también esta mostrando ciertas prácticas y actitudes políticas. Y nos corresponde a los bolivianos y bolivianas, evaluar sus programas para ver que proponen para solucionar los problemas nacionales. Pero también nos corresponde -en derecho- a los habitantes de esta querida tierra boliviana, evaluar sus actitudes y prácticas políticas.

Si ponemos los discursos y las acciones de los 3 en la balanza de la política democrática basada en principios y valores (que es contraria a la politiquería) ¿Cuál de ellos es el mejor líder y tiene tras de si al mejor grupo de hombres y mujeres? ¿cómo actúa ese líder y cada uno de sus candidatos a senadores y diputados? Es respetuoso? Es dialogante? Es veraz? Es propositivo? O mas bien anda insultando, mintiendo, exagerando con las palabras, generando confrontación, sin proponer nada concreto al pueblo, salvo la permanencia y el agravamiento de rencores entre bolivianos?

Son preguntas directas que debe responder cada uno de nosotros. Pero debe hacerlo ya, al ir escuchando y observando a los candidatos a la Presidencia, Senadores y Diputados, si de verdad queremos que cambie nuestra patria Bolivia.
chlaruta@hotmail. com

El peso de la prueba (Harold Olmos)

REGISTRO


Fue penoso escuchar a diputados del Gobierno tratar de explicar por qué esa foto no debía ser considerada. Uno llegó a decir que una fotografía no es prueba alguna.

Los voceros del Gobierno en la Tv se han visto en aprietos ante la imposibilidad de explicar convincentemente cómo aparece en fotografías el capitán Wálter Andrade, feliz del clima tropical, al lado de Eduardo Rózsa, a quien el Gobierno considera el mayor terrorista de la temporada. Andrade era el comandante de la Unidad Táctica de Resolución de Crisis (Utarc), el cuerpo élite de la Policía, y quien disparó sobre los periodistas de la red televisiva Unitel que intentaban registrar para su audiencia el arresto policial del comerciante ganadero Nelson Vaca para luego llevárselo a La Paz. La acción fue tan flagrante e indiscutiblemente abusiva que el Gobierno disolvió a Utarc.

La fotografía avala una versión que ha circulado profusamente en Bolivia y medios informativos extranjeros: que la muerte de Eduardo Rózsa y dos de sus compañeros el 16 de abril fue el capítulo final (¿?) de una celada organizada desde niveles de Gobierno para atacar a dirigentes y organizaciones cívicas de Santa Cruz y de todo el oriente. Pues ¿cómo explicar que el Comandante de una unidad predilecta de la Policía estuviese risueño al lado de quien el Gobierno considera un terrorista que venía a organizar una rebelión en Bolivia? Ahora se dice que Andrade fue parte del grupo, también élite, que actuó el 16 de abril para supuestamente desbaratar la rebelión en marcha. Si ambos personajes eran tan amigos como los muestra la foto, la supuesta rebelión no les debe haber sido ajena. El Gobierno vacila indeciso para investigar ese relacionamiento. Y el fiscal Marcelo Sosa reclama que quien envió la foto a los medios se presente a declarar sobre el documento. Imaginen cuál sería la respuesta del o de los aludidos.

Fue penoso escuchar el martes a diputados del Gobierno tratar de explicar por qué esa foto no debía ser considerada. Uno llegó a decir que una fotografía no es prueba alguna. No reparó que esa afirmación era embarazosa para el presidente Evo Morales. Equivalía al menos a decir que el Presidente era liviano. Pues él también utilizó una foto para acusar al embajador de Estados Unidos, Philip Goldberg, de conspirar contra su Gobierno. La imagen, exhibida ante sus colegas latinoamericanos y el Rey de España, mostraba al diplomático junto a un dirigente cruceño y de un ciudadano colombiano que estuvo preso algunos meses del año pasado y cuyo paradero ahora es desconocido. La imagen fue presentada por el Presidente como prueba indiscutible de la supuesta “conspiración” que se urdía contra su Gobierno. Un resultado de la denuncia nunca probada es el pésimo estado de las relaciones de Bolivia con Estados Unidos y la molestia creciente de organismos internacionales antinarcóticos por el crecimiento de las áreas de coca y de la producción de drogas ilícitas.

Andrade, conocido como “Rambo”, disparó sobre la cámara de Unitel, ahora desaparecida. Fue reconocido por el camarógrafo a quien hizo recostarse boca abajo sobre el pavimento. “Rambo” fue a declarar ante un juez (de La Paz, claro) y aseguró que su unidad estaba siendo atacada (¿Con el trípode de la filmadora?).

El general Gary Prado tenía razón cuando en una entrevista respecto del Hotel Las Américas me dijo: “En algún momento la verdad de lo ocurrido puede aflorar. Yo creo que los policías que actuaron en algún momento van a decir algo. Es gente que ha actuado… y se los va a identificar y se sabrá quiénes son. Aquí no se guardan secretos.”
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El autor es periodista
haroldolmos.wordpress.com

La señora candidata (Oscar Díaz Arnau)

Anamar, ¡oh! Eh… Ejem… Disculpen, últimamente suelto a pasear las flatulencias de mi telenovela preferida que, sin embargo, conviene seguir en sus extraterritoriales versiones de columna periodística. No me pierdo capítulo desde que Anamar (o Doña Anita, como también le dicen a la protagonista, ¡qué ternura!) decidió volverse candidata (¡a ver!) para las elecciones, todo un acontecimiento que ha quemado neuronas en nosotros, “analistos” opinadores de ramas desafines. Ay, Doña Anita, ¡oh!

Esta novela, en realidad, me suena a una película: a Zona Sur, de Valdivia. Porque advierto hipocresía en lo leído y escuchado acerca de la nueva incursión de Anamar en la política (fue ministra del gobierno de Wálter Guevara). Siento que ni unos ni otros van de frente cuando dicen lo que dicen sobre la señora candidata.

Precisamente ese título —La señora candidata— es el que venimos pensando con Valdivia, a quien admiro pero no tengo el gusto de conocer. Me explico: A insistencia mía por llevar a la pantalla chica lo que se ha escrito y dicho de la candidata masista, con el director de cine mantengo “conversaciones” telepáticas en las que —¿acaso somos tontos?— no perdemos de mente lo más top en el género, o sea, Televisa. “Sólo es un break”, le he aclarado mientras lo distraía de sus legítimos sueños de abrazar un Óscar por su Zona Sur, después de sus acertados spots de Entel y antes de que comencemos a rodar nuestra Señora candidata. En fin, que los sueños, sueños son…

Despertando, la batalla mediática desatada por esta candidatura, con delicadas embestidas y amorosas defensas en fuego discretamente cruzado, da para estudio de comunicación social: cómo juegan los intereses detrás de la opinión sobre política en los medios.

Soñando, con un “yo te adoro vida mía”, podríamos abrir nuestra novela guionizada por analistas de corazón a la izquierda, defensores de la ex defensora ¿y lógicamente cercanos al Gobierno? Con ojos así, Doña Anita merece pues el cielo, por intachable, por… finalmente, hasta por mujer, ¡qué caray!

“Denostando a la señora ésa de largo currículum”, podríamos continuar con guión de conservadores que, evidentemente contrarios a esta candidatura ¿y también al Gobierno?, aluden a la escritora y ex directora de Presencia, entre otras preclaras ocupaciones que se mezclan de nuevo con las aguas por lo general turbias de la política y río adentro, en el Senado. Y así, que se vaya pues al infierno, por traicionar a los independientes, a su gremio, ¡y justo con el partido que masacra periodistas cada día!

Con la ex directora de la Fundación UNIR, el MAS ofrece un “puente” mediante el que Evo busca arrimar a los sectores enfrentados del país. ¿Qué tal? Río, puente, agua. Idea para Valdivia, se la comentaré. Y, a propósito de piezas y rompecabezas, Anamar debe estar ensayando su futuro, recortando columnas y pegándolas en un álbum de recuerdos: en las páginas de la izquierda, las de los que la adoran como a una santa, sin exigirle nada; en las de la derecha, las de los que la crucifican sin antes esperar resultados. ¡Oh!, señora candidata, sólo espero que sea capaz de darle a esta novela un final digno de Valdivia.

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El autor es periodista y escritor.

El voto útil (Ricardo Paz Ballivián)

La estrategia es el factor individual más importante en una campaña electoral solía decir el maestro del Marketing Político Joseph Napolitan y agregaba que una estrategia correcta puede sobrevivir a una campaña mediocre, pero que incluso una campaña brillante puede fallar si la estrategia es errónea. Como se sabe la estrategia es el camino para llegar a un objetivo. Si se toma el camino equivocado, no importa cuán preparado, moderno y potente sea nuestro vehículo ni cuán experto y hábil sea el conductor, pues no habrá manera de llegar a donde queremos.

Para diseñar una estrategia electoral correcta es clave partir de un análisis científico que acierte en la caracterización del contexto, los actores y las tendencias del electorado. No podemos actuar sobre la base de nuestros afectos o desafectos y menos todavía sobre nuestros deseos y aspiraciones. Ver con objetividad la realidad es un requisito para atinar y triunfar.

En la actual campaña electoral, como anotamos en un artículo anterior, cerca del 40% de la ciudadanía piensa votar por Evo Morales, un 30% más o menos votaría en contra del Presidente y otro 30% de electores se mantiene indeciso o fluctuante. Esta situación ha llevado a pensar a algunos dirigentes de la campaña de Manfred Reyes Villa que lo mejor para su candidatura sería que desaparecieran los candidatos del centro político, de manera que la elección se polarice tempranamente.

El MAS ha definido su estrategia de polarización temprana basado en serios y detallados estudios de investigación electoral que demuestran que si desapareciera el centro político, la gran mayoría de los electores indecisos o fluctuantes se inclinarían por la candidatura de Evo Morales y de ninguna manera por la de Reyes Villa. Obviamente también habría un crecimiento en esta última, pero sería mucho menor. Esto quiere decir, que la mayoría de los votos que obtengan Samuel Doria Medina o René Joaquino sería en detrimento del MAS y de ninguna manera del PPB, como equivocadamente sostienen algunos de sus representantes.

Por consiguiente, a Reyes Villa no solamente le debería interesar la permanencia de Doria Medina y Joaquino, sino el fortalecimiento y crecimiento de estas opciones del centro político, ya que afectan muy poco a su candidatura y más bien son capaces de lograr una importante y eventualmente decisiva votación de sectores que de otra manera se inclinarán inexorablemente por Morales.

La estrategia de polarización temprana, propuesta por los candidatos oficialistas, ha generado un espejismo mediático que está llevando a las opciones opositoras por un rumbo errático y de autodestrucción. El haber posicionado, a 80 días de las elecciones, el debate sobre el voto útil es sin duda un logro estratégico mayor de la campaña del MAS. La fijación de este “issue” ha logrado que los principales opositores peleen entre ellos y que algunos electores indecisos o fluctuantes empiecen, prematuramente, a migrar hacia la opción fuerte y segura que aparenta representar hoy Evo Morales.

Ahora bien por supuesto que nada de lo actuado hasta hoy es irremediable, pero sin duda que persistir en el error podría resultar catastrófico para las aspiraciones de quienes se presentan como alternativa a la reelección y el continuismo de los actuales gobernantes.

Como decíamos al inicio, se puede fallar en muchas cosas durante la campaña; se puede tener dificultades en la organización, en la logística, en las finanzas o en la comu- nicación, pero si se yerra en la estrategia, es muy poco probable el éxito.
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E autor es sociólogo y constitucionalista.
Fuente: La Prensa